La increíble historia del hombre que se convirtió en el Rey del Petróleo al perder un tren

Hace 81 años, uno de los hombres más ricos del planeta y fundador de uno de los imperios económicos más importantes de Estados Unidos fallece en Cleveland. Esta es su fascinante y polémica historia.

Se trata de John D. Rockefeller, creador de la Standard Oil en 1870: la mayor empresa petrolera de la historia, el cual puede resumirse en un número: 789,400 millones de dólares, según cálculos actuales a mayo del 2018, según la inflación del país del Tio Sam.

Pero, nunca él mismo hubiera imaginado que podría convertirse en uno de los hombres más ricos del mundo si no hubiera perdido el tren de Cleveland a Nueva York, el 18 de diciembre de 1867. Y esto fue a causa que el cochero se tardó en llevarlo a la estación por limpiar una de las herraduras de su caballo. Lo increíble, es que el tren se descarriló y la mayoría de pasajeros perdieron la vida.

Por eso que tal trágico episodio le dictó una de sus máximas: «Una catástrofe es también una nueva oportunidad». Firmado: John D. Rockefeller. El «D» corresponde a «Davison».

Sus inicios

John D. Rockefeller nace en Cleveland, en el año 1839, hijo de una familia de clase baja. De su padre, vendedor ambulante de medicinas milagrosas, heredó su espíritu comercial; de su madre, mujer ultra religiosa, aprendió los principios de la religión presbiteriana. Estas enseñanzas le acompañaron durante toda su vida, especialmente, la de ser extremadamente ahorrador.

Se cuenta que de niño en la escuela juntaba piedras, las pintaba, las vendía entre sus compañeros, y guardaba el dinero en un frasco azul hasta sumar 50 dólares; en esos años, una suma respetable. ¿Y en qué lo usó? Nada menos que en prestarlos al 7 por ciento de interés, a un amigo de su padre agobiado por las deudas.

En esa época, el pequeño John inauguró una libreta que llamó «Registro A», donde anotaba cada uno de sus pequeños pasos financieros y cuyo hábito lo conservó hasta su retiro, en 1911. A los 16 años, ya contador y siempre obsesionado por los números, comenzó a trabajar en una empresa de comercio de granos, en 1857,  llegando a ganar 600 dólares por año hasta que renunció para abrir un negocio propio con un capital de 1,800 dólares de una empresa de corretaje de granos, junto a un socio, al que llamó Clark & Rockefeller, con el cual ganó 4,000 dólares el primer año.

El Rey del Petróleo

Pero, aún disconforme con estas ganancias, se le ocurrió invertir en petróleo en Cleveland, que en 1861 era una de las más modernas y ricas del país, y sede de enormes industrias.  Así que en 1862 con sus ahorros fundó su primera refinería y, posteriormente, comprando otras. En aquella época se casó con Laura Celestia Spelman, una profesora de Nueva York, para toda su vida, y tuvieron cinco hijos: Elizabeth, Alice, Alta, Edith y John D., una prole cuyos nietos y bisnietos, hasta hoy, mantienen encendida la antorcha del poder y del dinero.

Así al comenzar sus negocios con el petróleo, muy hábilmente, John D. Rockefeller no se dedicó a extraerlo, sino a su transporte, distribución y transformación. A los pocos años, gracias a su organización modélica y a un marketing moderno, consiguió destacar su compañía frente a las demás: la “Standard Oil”, fundado en 1870.

Lo cierto que en su afán por conseguir mayor riqueza, le hizo apostar por absorber a las pequeñas empresas rivales, para lo cual utilizó desde el simple sistema de oferta y compra hasta la competencia desleal, el trato de favor en incluso a la fuerza de las armas.

Se dice que esta empresa–monstruo en poco tiempo refinó una cuarta parte… ¡de toda la producción petrolera del país!  y en 1878, la Standart Oil controlaba… ¡el 90 por ciento de todas las refinerías de Estados Unidos! Y más tarde, a través de una segunda y colosal empresa (Standard Oil Trust), extenderse hasta casi medio mundo.

Pero el dueño absoluto del titánico imperio tropezó con las leyes: empezaba a tener peso la reglamentación de la libre competencia entre empresas, y el rey del petróleo fue acusado de monopolio. Descubierta una pacto secreto de trato preferente con los ferrocarriles, se le puso el apelativo de “el pulpo”, por su tremendo afán por acaparar empresas.

Hasta que dos tribunales, la Suprema Corte de Ohio y el máximo tribunal de la nación, fallaron contra él: para la justicia, su imperio era un monopolio (por lo tanto, ilegal), y ordenó su disolución. John D. apeló sin éxito, ganó tiempo, y en 1899 dividió al gigante invencible en 37 corporaciones, conservando el 30% de las acciones de todas ellas, y su familia, el resto.

Tenía 50 años, y era el hombre más rico del mundo. En 1911 renunció a la presidencia de su inmenso imperio y se mudó a su casa en Ormond Beach, Florida. Allí murió el 23 de mayo de 1937 a los 98 años, siendo sepultado en el Lake View Cemetery, en Cleveland, la ciudad donde de niño ahorró sus primeros 50 dólares vendiendo piedras pintadas en la escuela.

Vía: infobae