Cuatro lecciones de liderazgo del ex monje en la cueva de Tailandia

El rescate de 12 niños atrapados en una cueva mantuvo en vilo al mundo entero. Precisamente, uno de sus protagonistas fue Ekapol Chanthawong, de 25 años, quien mostró más que fé en 17 días de angustia bajo tierra.

Fue una extraordinaria y compleja operación de rescate que tuvo en vilo al mundo, luego que un equipo internacional de buzos logró rescatar a los 12 niños y su entrenador que llevaban 17 días atrapados en una cueva al norte de Tailandia.

Los menores, de entre 11 y 16 años, se internaron en la cueva Tham Luang al norte de Tailandia, el pasado día 23 de junio, junto a su joven asistente de entrenador, Ekapol Chanthawong, quien es el asistente del entrenador de los «Jabalíes salvajes», como se llama el equipo de fútbol infantil.

Mientras que algunos lo responsabilizan por su negligencia al hacer ingresar a los niños a la cueva, otros creen que su presencia fue clave para que todos permanezcan con vida y puedan ser rescatados. Pero, ahora sabemos que su vida no fue nada fácil.

De ex monje a héroe

Cuando tenía 10 años, Ekapol perdió a sus padres y su hermano de siete años debido a una epidemia respiratoria que afectó Tailandia. Al poco tiempo ingresó a un monasterio para convertirse en monje novicio, pero lo abandonó para cuidar de su abuela, que estaba enferma en el distrito de Mae Sai, en el norte de Tailandia, dentro de la provincia de Chiang Rai, donde se encuentra la cueva Tham Luang.

Durante los días que pasaron aislados, el asistente técnico aprovechó sus conocimientos como monje y enseñó a los niños a meditar, para conservar la mayor cantidad de energía hasta que fueran encontrados. Muchos lo consideran imprudente, pero el entrenador es el verdadero héroe al mantener con vida durante tantos días a los niños en la cueva.

Lecciones de liderazgo

Ahora se sabe que a Ekapol le corresponde la grandeza de haber mantenido a estos niños tranquilos y serenos, dando a todo el orbe una lección de entereza y de resiliencia frente a la adversidad. Por eso que hay varias lecciones de liderazgo que extraer de esta historia que tuvo un final feliz.

  • 1. Adaptarse a las circunstancias y reconstruir planes y objetivos:

Si bien es cierto que fue una grave negligencia al entrar en aquella cueva en época de lluvias, una vez dentro, poco lugar había ya para el arrepentimiento y sí para decidir qué había que hacer en las siguientes horas, que finalmente fueron días, para salir con vida de allí.

Y esa es la primera gran lección del ex monje: el buen líder no es el que nunca se equivoca, sino el que sabe analizar las ventajas y los inconvenientes de su propia posición y de la del grupo y decidir el siguiente objetivo, tras valorar las distintas opciones posibles.

Así que Ekapol tomó las riendas de la situación desde el primer minuto y consiguió que los 12 niños mantuvieran la calma y la fe hasta el final.

  • 2. El líder no nace, se hace:

Ekapol Chanthawong, ya había afrontado otras situaciones límites en su vida. En 2003, una epidemia de enfermedades respiratorias asoló Tailandia matando a sus padres y hermano, pero él se vio sometido a tratamiento dolorosos. Pero aquello le endureció.

Ekapol fue llevado a un monasterio budista en el que permaneció hasta las 22 años. En 2015, una escuela de la provincia de Chiang Rai organizó un equipo de fútbol, los ‘Jabalíes Salvajes’, y ofrecieron a Ekapol integrarse como asistente del primer entrenador.

  • 3. Su grupo era «su familia«:

Se sabe que Ekapol introdujo a los niños en aquella cueva como en una suerte de «rito iniciático» para uno de los niños.  Lo cierto es que el ex monje como asistente de entrenador siempre se responsabilizó de los muchachos como si fueran su propia familia.

Inclusive les compraba alimento y ropa deportiva. Precisamente esta es una lección para los emprendedores: poner a disposición del grupo todo aquello cuanto necesiten si escatimar esfuerzos.

  • 4. Asumir sacrificios extremos:

Los miembros del equipo de rescate explicaron que Chanthawong presentaba evidentes síntomas de desnutrición, inequívoca señal que priorizaba a los niños sobre él mismo y les cedía las, cada vez más escasas raciones de comida que les quedaban.

Esta es otra impactante lección de liderazgo: no pedir nadie sacrificios que uno mismo no sea capaz de asumir.

Vía: expansion.com