¿Eres un procrastinador activo? Averígualo aquí…

Para el Diccionario de la Real Academia Española, procrastinar quiere decir: “Diferir, aplazar”. Otras palabras que aplican son posponer, relegar, postergar, que pueden entenderse como tomar la decisión de no hacer o atender algo en un momento determinado. Algo así como darle poca importancia a algo y dejarlo para después. 

En un segundo plano se trata de aplazar o dejar para otra fecha, definida o no, algo que la persona debe atender. Lo correcto es aceptar que todos hemos sido procrastinadores, hacemos cosas más placenteras, pero de menos valor. Es una contraposición de fuerzas, la mente sabe que tienen cosas importantes, pero una parte de la mente dice que mejor se distraiga. Y en este caso no queremos poner en manifiesto una falsa moral, porque los que hacemos posible este espacio también hemos procrastinado y bastante.

Por esa razón, hoy te vamos a compartir tres claves para dejar de procrastinar. 

Segmentar objetivos o partir el pan

El trabajo se puede dividir en tareas pequeñas y concretas, ya que un gran proyecto puede ser abrumador. Cuanto más corta sea la lista de acciones, más fácil será afrontarlas. El sentido figurado de partir el pan es que no se puede comer todo ese pan de una mordida, lo mismo pasa con los objetivos: Debe segmentarse la gran meta, para que la podamos percibir de manera más realista y no tan abstracta. Para ello se puede aplicar control diario o semanal de objetivos, para planificar lo que haremos al día siguiente o evaluar lo que hicimos hoy.

Eliminar distracciones

La mente es adicta al placer, se engancha con actividades que nos gustan y que demandan poco esfuerzo. Por eso se te van las horas en YouTube y en Facebook, en lugar de cumplir con tu trabajo. Es necesario repasar el para qué… no tanto el qué, reforzando la motivación positiva. Búsqueda de disciplina y productividad, es determinante en un entorno donde tú mejor que nadie conoces tu pata chueca.

Establecer rutina

Son hábitos o costumbres que haces de forma casi inconsciente y simplifican tu vida. Trabaja tus hábitos. Si te conoces a ti mismo y averiguas por qué aplazas constantemente cierto tipo de tareas, podrás cambiar tus hábitos y encaminarlos hacia una menor procrastinación y una mayor productividad. También es bueno llevar las tareas a lo mínimo, saber qué agenda hay en el día. Esa lista debe ir alineada con la productividad.